Él, el fuego.
Mis manos están marcadas por fibras de colores, producto del afiche que estoy creando. En él te dibujo hecho un fuego, tenaz y persistente que arrasa el blanco de las hojas, tu mirada es firme y profunda. Y hacen detener a cualquier intruso que te mire a lo lejos.
A aquél intruso que lo mira, se le entumece el cuerpo, se vuelve nada bajo sus ojos. Escucharlo hablar es como ver pequeños destellos de su mente y su corazón entre las sombras de un laberinto que tiene dentro. Él, no tiene un camino por delante por que él lo crea, lo ilumina con las llamas de sus pies al andar. El misterio reside en su corazón que parece errante pero en realidad sabe adónde quiere ir. Yo lo miro, al igual que el intruso del papel, atraída por las llamas de su cuerpo. Se va, con paso firme y la cabeza al frente. Y yo quiero saber a dónde. ¿A dónde vas? Él no sabe que lo sigo y tampoco sabe de mí, aún. Pero dentro mío tengo el mismo fuego que alguna vez esperé que crezca y él lo emana desde su interior.
Las hojas me reciben en su blancura y mientras yo trato de levantarme en el papel, a mi paso todo lo que es quemado, florece. Y me doy cuenta que yo soy distinta a él, de mis manos brotan las flores y las hojas, y mis lágrimas son los ríos que recorren la tierra, "no tardará mucho en darse cuenta" me digo.
A su paso, tras las llamas, nace una flor... la flor de fuego.
Mis manos están marcadas por fibras de colores, producto del afiche que estoy creando. En él te dibujo hecho un fuego, tenaz y persistente que arrasa el blanco de las hojas, tu mirada es firme y profunda. Y hacen detener a cualquier intruso que te mire a lo lejos.
A aquél intruso que lo mira, se le entumece el cuerpo, se vuelve nada bajo sus ojos. Escucharlo hablar es como ver pequeños destellos de su mente y su corazón entre las sombras de un laberinto que tiene dentro. Él, no tiene un camino por delante por que él lo crea, lo ilumina con las llamas de sus pies al andar. El misterio reside en su corazón que parece errante pero en realidad sabe adónde quiere ir. Yo lo miro, al igual que el intruso del papel, atraída por las llamas de su cuerpo. Se va, con paso firme y la cabeza al frente. Y yo quiero saber a dónde. ¿A dónde vas? Él no sabe que lo sigo y tampoco sabe de mí, aún. Pero dentro mío tengo el mismo fuego que alguna vez esperé que crezca y él lo emana desde su interior.
Las hojas me reciben en su blancura y mientras yo trato de levantarme en el papel, a mi paso todo lo que es quemado, florece. Y me doy cuenta que yo soy distinta a él, de mis manos brotan las flores y las hojas, y mis lágrimas son los ríos que recorren la tierra, "no tardará mucho en darse cuenta" me digo.
A su paso, tras las llamas, nace una flor... la flor de fuego.
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